La vio en la distancia, pero no la reconoció; aún así se puso a
correr en dirección contraria sin saber por qué lo hacía. "Debo de
estar loco", pensó. Cuando, agotado, detuvo su huida, miró hacia
atrás con aprensión, y viò, aún más cerca que antes, a la pálida
figura enlutada que extendía su huesuda mano hacia él.
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